Jung Kook de BTS me desafio a aprender coreano, y lo hice. Aquí está lo que aprendí (y no es lo que esperas)

Publicado el 23 de julio de 2026, 18:00

Por: Raissa Rojas

¿Cansada (o) de perderte el mensaje final del concierto porque el traductor se saltó lo mejor?

¿Molesta (o) de que las traducciones "oficiales" no dicen nada de lo que sí se dijo en el live?

¿Perdiste la cuenta de todas las veces que al escuchar hablar a tu cantante de K-pop favorito, pensaste "no te entiendo nada, pero te amo"?

¡Hoy te traigo la solución, y está al alcance de tu mano!

¡Aprende coreano!

Por mi parte, todas esas razones, más el inocente desafio de un conejito durante un live, hicieron que decidiera embarcarme en la aventura, y aquí con mucho gusto te contaré como fue la experiencia, cuando te decides a aprender coreano en un día cualquiera.

Todo empezó con un mensaje que casi no vi, y estuvo al borde de perderse entre la marea de chats y fotos de mi vida cotidiana, el chat del fan club, al que pertenezco en mi ciudad, anuncio la oportunidad de recibir clases de coreano con un profesor nativo, a un precio más que razonable.

Llego a medio día y casi lo leí a media noche, con dudas y miedo de perder la oportunidad, escribí ansiosa por la respuesta, respuesta que me devolvió la capacidad de respirar, alcance a registrarme, me inscribí y guardé el código QR, para asistir puntual el siguiente sábado, Spoiler: no fue así como paso.

Me salió un imprevisto con mi familia que me demoro, había entendido mal la hora, el carro que tome para llegar al punto de referencia, me dejo lejos y tuve que caminar para encontrar el lugar, porque había perdido la ubicación GPS, sin mencionar que el cuaderno, en el que hace algún tiempo hice el intento de aprender coreano, había huido sin dejar rastro, tarde pero llegué.

Lo primero que entendí, fue que aún con toda la predisposición y entusiasmo del mundo, lo más importante es organizarte.

No lo hagas como yo, que llegue tarde, cansada, abrumada y preocupada de interrumpir una clase que ya iba avanzada con medio pizarrón lleno, me termine sentando al fondo, solo para recordar que de lejos no veía nada, y con la prisa, había olvidado llevar mis lentes.

El profesor Gabriel, no había perdido el tiempo, la clase ya había avanzado con las vocales, me esforcé en poner toda la atención y concentración que me era posible, pero mi mente escuchaba sus explicaciones y generaba más preguntas que respuestas, el material de apoyo que se nos había dado al llegar, solo me servía de decoración en mi cuaderno nuevo con la frase motivacional "Busca tu Ikigai", escuchar todo el día canciones en coreano, no es lo mismo que escribirlo, leerlo o entenderlo, un par de referencias previa en la escritura, me hubieran servido de algo en nuestro primer dictado.

Para la siguiente clase el profesor, recomendó practicar con Duolingo, yo ya había tenido una derrota en la versión en inglés y renuncié sin poder terminar la primera lección, retomé esta vez con la versión en español, más que nada porque el profesor insistió en que sería útil para practicar la audición y pronunciación.

Nadie te dice cuanta motivación se necesita para tomar estudios de cualquier tipo.

Pero te puede llegar de cualquier parte, una foto, un live, una canción, o como en mi caso una caratula que mi hija decidió hacer a mi cuaderno, un collage con muchos freebies y amor, un apoyo a la meta que me había planteado alcanzar, poder entender por cuenta propia, las frases cortas al final de cada concierto de BTS, mantener la mente en la meta, evito que me rinda después de la primera clase.

Poco a poco, a lo largo de la semana, las bolitas, rayitas y palitos sin sentido, fueron adquiriendo identidad de letras, gracias a las lecciones con Duolingo, y planas por recomendación de mi IA de confianza, pude relacionar lo que veía con el sonido, y una vez en clase, aprendí trucos para diferenciar la o de la u, e incluso de la otra u.

Aprender, es cosa de persistencia.

Llegue a mi segunda clase con más confianza, que en el dictado de frases cortas perdí, me equivoque en 6 de 10, me decepcione, sin embargo, en el ejercicio de escribir nombres, me lucí, oírlas era una cosa, pero identificarlas y escribirlas era otra, que sí había logrado retener, las correcciones por parte del profesor fueron mínimas y mi confianza antes desinflada, se recuperó un poco.

Es fácil desmotivarse, si no se siente ningún avance.

A mayor edad, olvidamos lo difícil que fue aprender nuestro idioma natal, y no aceptamos con la misma facilidad que a los 5 años las derrotas en el aprendizaje, toda meta incluye un camino largo, en el que hay que saber apreciar cada pequeño paso.

A lo mejor antes me confundía entre 2 idiomas, y ahora mi mayor capacidad, es confundirme entre 3, pero, aun así, lo considero un logro, he avanzado mucho más que en mi intento anterior, hace varios años atrás.

Hoy en día, las herramientas para facilitarlo sobran.

Las IAs, las apps, los textos de aprendizaje en español, personas en línea dispuestas a practicar contigo.

Clases online o presenciales, con o incluso sin ningún valor de por medio, existen personas dispuestas a guiarte como mi 선생님 (seonsaengnim, para los que aún no empiezan a aprender coreano).

Todo inicia cuando tú decides dar el primer paso.

Si pudiera darles un consejo a partir de mi experiencia les diría: puedes aprender lo que quieras, como quieras, cuando quieras, solo necesitas buscar las herramientas y organizarte, tu trabajo, tus amigos, tus estudios, tu pareja o tu familia no tienen que ser un obstáculo, pueden llegar a ser inspiración y motivación.

Y si aun dudan, si vale la pena empezar a aprender coreano, le diría lo mismo que aprendí leyendo a Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido: “Encuentra tu por qué, y encontrarás el cómo”.

El deseo es la inspiración, pero planificar es el primer paso, organizar el deseo, darle espacio y tiempo en tu vida, es la forma de convertirlo en realidad, aunque sea un sábado a la vez.

¡Fighting!

La Revista de Taehyung no posee ninguna de las fotos/videos compartidos en nuestro blog. No se pretende infringir los derechos de autor.

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