Por: Maki Lacamoire
El 15 de agosto es, para Corea del Sur, mucho más que una fecha en el calendario: es el día más solemne y festivo del año, aquel en que la nación conmemora su liberación del dominio colonial japonés tras 35 años de ocupación. Su nombre oficial, Gwangbokjeol (광복절), se traduce literalmente como “el día en que se recuperó la luz” — gwangbok significa “restauración de la luz” y jeol, “festivo” o “día de celebración”. No es un eufemismo poético: es la condensación de una historia de resistencia, sufrimiento y, sobre todo, de la voluntad de un pueblo de recuperar su soberanía, su identidad y su derecho a existir como nación libre.
Para comprender la profundidad de esta celebración, es necesario mirar hacia el período que precedió a la liberación. En 1910, Japón anexó formalmente la península coreana mediante un tratado firmado bajo coerción, iniciando tres décadas y media de dominio colonial que transformaron radicalmente la vida de los coreanos. Durante esos años, el idioma coreano fue prohibido en la administración y la educación, los ciudadanos fueron obligados a adoptar nombres japoneses, millones fueron movilizados como trabajadores forzados y mujeres fueron víctimas de esclavitud sexual militar. La cultura, los recursos y la identidad de la península fueron subordinados a los intereses del Imperio japonés.
El 15 de agosto de 1945, cuando el emperador Hirohito anunció la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, ese largo túnel llegó a su fin. La noticia se difundió por toda la península con una velocidad que desbordó los controles coloniales, y las calles se llenaron de coreanos llorando, abrazándose y cantando. Tres años más tarde, el 15 de agosto de 1948, se conmemoró un segundo hito: la fundación oficial de la República de Corea, consolidando el doble significado que esta fecha carga hasta hoy.
La conmemoración del Gwangbokjeol combina solemnidad institucional con un patriotismo visible y cotidiano. Desde primera hora de la mañana, las calles de Seúl y de todas las ciudades del país se llenan del Taegukgi (태극기), la bandera nacional coreana, que se iza en edificios públicos, residencias particulares, avenidas y comercios. La ceremonia oficial, presidida por el jefe de Estado, se celebra tradicionalmente en el Salón de la Independencia de Corea o en la Plaza Gwanghwamun de Seúl, y en ella el presidente pronuncia un discurso que entrelaza la memoria histórica con la proyección internacional del país, abordando temas como las relaciones con Japón, la península coreana y el papel de Corea del Sur en el escenario global. Además, el gobierno suele conceder amnistías e indultos especiales a presos de baja peligrosidad o delitos menores, una práctica que evoca el espíritu de renovación nacional que caracterizó al día original de la liberación.
La ciudadanía, por su parte, vive el Gwangbokjeol de maneras diversas que reflejan las generaciones y sus relaciones con el pasado. Para las generaciones mayores, muchas de las cuales conservan memoria directa o transmitida de la ocupación, el día es motivo de emoción profunda: se visitan cementerios nacionales, monumentos a los mártires de la independencia y el movimiento del 1 de marzo de 1919, y se rinde homenaje a quienes lucharon por la soberanía. Para las generaciones más jóvenes, el Gwangbokjeol es a la vez un feriado para descansar y una instancia de reflexión sobre el valor de la independencia en un mundo geopolítico cada vez más complejo, donde Corea del Sur debe equilibrar su relación con Japón, Estados Unidos, China y Corea del Norte. En los últimos años, además, el auge de la cultura popular coreana ha generado una curiosidad creciente entre jóvenes extranjeros por la historia del país, y el Gwangbokjeol ha comenzado a ser conocido más allá de las fronteras coreanas como una fecha simbólica de resiliencia.
Lo que hace singular al Gwangbokjeol no es solo que conmemore el fin de una ocupación, sino que celebra el principio de una transformación. En 81 años, Corea del Sur pasó de ser una colonia sin soberanía a convertirse en una de las economías más avanzadas del mundo, una democracia consolidada y una potencia cultural global. El “milagro del río Han” —como se conoce al proceso de desarrollo acelerado que transformó al país tras la Guerra de Corea— no hubiera sido posible sin la determinación de quienes, el 15 de agosto de 1945, salieron a las calles a celebrar que la luz había vuelto. Esa misma determinación es la que hoy se renueva cada año cuando el Taegukgi se iza en las ventanas de Seúl, Busán, Gwangju y Daegu, recordando que la libertad recuperada no es un regalo permanente, sino una responsabilidad que cada generación debe asumir.
La Revista de Taehyung no posee ninguna de las fotos/videos compartidos en nuestro blog. No se pretende infringir los derechos de autor.
Conoce a Maki Lacamoire
Si te gusta nuestro contenido, por favor apóyanos con un Ko-Fi para poder seguir haciéndolo.
Añadir comentario
Comentarios