Festival de Andong: 30 años de máscara y fuego

Publicado el 21 de septiembre de 2026, 11:00

Por: Maki Lacamoire

 

A orillas del río Naktong (낙동강, Nakdonggang), en la ciudad de Andong —corazón simbólico de la provincia de Gyeongsangbuk-do, en el sureste de Corea del Sur—, cada otoño las máscaras vuelven a cobrar vida. Aunque la danza tradicional enmascarada (talchum, 탈춤) cuenta con siglos de antigüedad, el Festival Internacional de la Danza de Máscaras de Andong (안동국제탈춤페스티벌, Andong Gukje Talchum Festival) en su formato moderno e internacional se fundó oficialmente en 1997 . Desde entonces se celebra de forma casi ininterrumpida y, en su edición de 2026 —entre el 24 de septiembre y el 4 de octubre—, alcanza su trigésimo aniversario, consolidándose como uno de los eventos tradicionales más emblemáticos de Corea del Sur. Organizado por la Fundación para la Cultura y la Ética de Corea (한국문화윤리원), el festival despliega su programación —de 10:00 a 22:00— en escenarios múltiples: la antigua Estación de Andong 1942, el Parque Talchum (탈춤공원, "parque de la danza de máscaras"), la aldea tradicional de Hahoe (하회마을) y el centro de la ciudad, en un itinerario que integra patrimonio, escena contemporánea y vida urbana.

Las raíces del festival se hunden en una herencia mucho más antigua: el talchum, el teatro-danza enmascarado que floreció durante la dinastía Joseon (1392-1910) como expresión popular. En Andong se conservan los célebres Hahoe masks  (하회탈, Hahoe tal) utilizados en las representaciones rituales del pueblo de Hahoe, inscrito por la UNESCO en 2010 como Patrimonio Mundial. Tallados en madera de aliso, once de estas máscaras sobreviven en la actualidad y están catalogadas como Tesoro Nacional n.º 121 de Corea, constituyendo el conjunto de máscaras tradicionales más antiguo y completo que se conserva en el país.

Cada personaje del talchum encarna un arquetipo social: el noble (yangban, 양반) ridiculizado por su pretensión, el monje corrompido, el campesino astuto, la anciana bbyeomi (뽀미) que carga con las penas del pueblo. La máscara no oculta; al contrario, revela. Tras ella, el cuerpo se libera para nombrar —en clave de humor y exageración— aquello que la jerarquía social silenciaba: la hipocresía del poder, la fragilidad de la autoridad, la dignidad escondida del común. Esa vocación crítica, casi subversiva, explica que el talchum sea considerado mucho más que entretenimiento: un registro de la resistencia simbólica de las clases populares coreanas.

Más allá del talchum, el festival de Andong expone el abanico de la cultura popular regional mediante juegos tradicionales que reconducen el cuerpo colectivo. El chajeon-nori (차전놀이, "juego del carro de combate") reproduce simbólicamente una batalla campesina en torno a un armazón de madera; el notdari-bapgi (녹다리밟기, "pisar el puente humano") dispone a los participantes en una fila encorvada para que otros crucen caminando sobre sus espaldas, como un puente de carne y confianza; y el hwajeonnori (화전놀이), vinculado a los bomberos y al fuego, aporta la dimensión luminosa que da título a esta celebración de máscaras y fuego. La experiencia, abierta y mayoritariamente gratuita —la entrada es libre, aunque algunos programas específicos tienen costo aparte—, invita al visitante no solo a mirar, sino a participar.

 

Ese carácter participativo hunde sus raíces en el origen mismo de las máscaras de Hahoe: el byeolsingut (별신굿), un gran rito comunitario que el pueblo celebraba de forma periódica —cada tres, cinco, siete o diez años— para alejar las desgracias y pedir prosperidad colectiva. Dentro de ese rito se representaba el Hahoe byeolsingut talnori (하회별신굿탈놀이), el drama de máscaras que constituye la fuente directa del talchum de Andong y está catalogado como Patrimonio Cultural Inmaterial Importante de Corea. En su origen, las máscaras no eran accesorios teatrales, sino instrumentos rituales: objetos cargados de sacralidad que, portados por miembros de la comunidad, mediaban entre lo humano y lo sobrenatural en una ceremonia de purificación de la que participaba toda la aldea. Esa matriz ritual —colectiva, curativa, comunitaria— explica la vocación incluyente que aún hoy distingue a las máscaras de Andong.

La edición de 2026 relee esa herencia bajo un lema contemporáneo: el de dolbom (돌봄, "cuidado"). Bajo ese concepto, el festival organiza un programa de actividades que reactualiza la dimensión comunitaria del rito original en un lenguaje accesible al visitante moderno. La experiencia Dolbom cheheomhagi (돌봄 체험하기, "experimentar el cuidado") propone un recorrido inmersivo por el "pueblo del cuidado" en el que, mediante misiones de realidad aumentada (AR) accesibles desde el smartphone, se invita al participante a explorar las máscaras, resolver acertijos, fabricar su propio tal y sumergirse en las historias del byeolsingut. Con una duración de 60 a 90 minutos y un costo de 5.000 wones, la experiencia se complementa con el Hahoe byeolsingut talnori en vivo, talleres de tallado, el espacio juvenil (cheongsongyeon madang, 청소년마당) y la programación nocturna del Parque Talchum, donde el fuego y la percusión recuperan el espíritu del rito ancestral.

A esa dimensión local se suma una vocación internacional explícita: los segye program (세계 프로그램, "programas mundiales") que cada año traen a Andong tradiciones enmascaradas y rituales de otros continentes. En 2026, el festival recibe el "Patio del Kaamatan de Borneo" (보르네오 Kaamatan의 뜰), dedicado a la festividad de la cosecha del pueblo kadazan-dusun de Sabah, Malasia, con la participación de agrupaciones como Anak Seni Malaysia, Gen'Tari y ARTUMS. La propuesta, articulada bajo el concepto segye-dolbom (세계-돌봄, "cuidado mundial"), no se limita a la exhibición: dispone diálogos escénicos entre el talchum coreano y las tradiciones invitadas, clases magistrales, ferias gastronómicas y presentaciones en el recinto de la antigua Estación de Andong 1942. La máscara, así, deja de ser un patrimonio exclusivamente coreano para convertirse en un lenguaje común entre culturas que, desde orillas opuestas, comparten el mismo gesto ritual: cubrir el rostro para revelar lo colectivo.

Para Andong, el festival no es solo un acontecimiento cultural, sino un motor de identidad regional y de proyección internacional. La ciudad, célebre también por su soju tradicional (안동소주, Andong soju) y por su herencia confuciana —alberga academias neoconfucianas del periodo Joseon como el Dosanseowon (도산서원)--, ha encontrado en la máscara un símbolo capaz de reunir su pasado aristocrático y su tradición popular en una sola narrativa. El festival atrae cada año a cientos de miles de visitantes, incluido un creciente público extranjero, y constituye una pieza destacada del turismo cultural coreano, con la dirección Yuksa-ro 239, Andong-si (육사로 239, 운흥동) como punto neurálgico de acceso.

Tres décadas después, la vigencia del festival de Andong plantea una pregunta pertinente para el presente cultural coreano: ¿qué lugar ocupan las tradiciones enmascaradas en un país definido por su hipermodernidad y por la proyección global de su cultura popular? La respuesta, acaso, está en la propia naturaleza de la máscara: un objeto capaz de hacer coexistir lo ancestral y lo contemporáneo, lo local y lo universal, la crítica y la celebración. En tiempos de Ola Coreana (한류, Hallyu) y de proyección internacional del soft power surcoreano, Andong recuerda que debajo de la cultura de exportación late una memoria escénica mucho más antigua —y que, aún hoy, sigue ardiendo.

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