Antes de juzgar el éxito, miremos el camino

Publicado el 28 de octubre de 2026, 18:00
BTS concierto Arirang Latinoamerica Argentina

Por: Huerto Huerga 

 

Una reflexión sobre BTS, la fe y nuestra responsabilidad frente a quienes necesitan ser escuchados.

Hace unos días vi un video que analizaba algunas canciones de BTS y atribuía el éxito del grupo a un supuesto pacto con el diablo. La interpretación era contundente: algunas imágenes y expresiones artísticas se presentaban como señales de una realidad espiritual que, según quien las analizaba, explicaría el alcance mundial de la banda. Me llamó la atención esa lectura, pero también me hizo ruido que una trayectoria de tantos años pudiera resumirse en una acusación de semejante magnitud sin considerar el recorrido artístico y profesional que hay detrás.

Llegué a BTS en marzo de 2026. Soy una nueva ARMY y todavía estoy descubriendo su música, sus historias y un universo que, para millones de personas, forma parte de su vida desde hace años.

Sin embargo, incluso desde este lugar de principiante, puedo reconocer que detrás de una carrera como la suya hay preparación, trabajo, dedicación y una entrega sostenida a una profesión.

No pretendo explicar todo su éxito a partir del esfuerzo. En cualquier carrera intervienen muchos factores: las oportunidades, los equipos de trabajo, las decisiones creativas, la industria y la respuesta del público. Pero tampoco me parece justo ignorar el camino recorrido y atribuir sus resultados a una explicación extraordinaria sin pruebas que la sostengan.

Y entonces apareció una pregunta que fue mucho más allá de aquel video:

¿Qué dejamos de ver cuando nos concentramos solamente en aquello que sospechamos o que no comprendemos?

 

Antes del éxito, hubo un camino

 

BTS debutó en junio de 2013. Desde entonces, su trayectoria ha incluido formación, composición, producción musical, giras, presentaciones y una evolución artística que se observa en sus distintos trabajos.

En marzo de 2026, el grupo publicó ARIRANG, un álbum de 14 canciones. Según la agencia de noticias Yonhap, Hooligan ofrece una mirada al recorrido de BTS, mientras que el álbum, en su conjunto, recoge elementos vinculados a su identidad y a sus raíces coreanas.

No necesitamos idealizar al grupo para reconocer el trabajo que hay detrás de su música. Tampoco hace falta compartir todas sus decisiones para observar su evolución artística.

Como comunicadora, me interesa detenerme en aquello que no siempre aparece en la imagen final: las horas de preparación, los procesos creativos, las decisiones y las personas que trabajan para que una presentación llegue al público.

El éxito es visible. El camino que lo precede, muchas veces, no lo es.

 

¿Y si también escucháramos lo que quieren expresar?

 

Otro aspecto que me invita a mirar más allá de una primera impresión son los temas que aparecen en la música de BTS.

Desde sus primeros años, el grupo abordó cuestiones relacionadas con las expectativas sociales, la presión por cumplir determinados mandatos y la búsqueda de una identidad propia. Canciones como No More Dream y N.O. permiten reflexionar sobre las exigencias que atraviesan muchos jóvenes.

Con el tiempo, su obra también exploró la autoestima y la relación que construimos con nosotros mismos.

En 2017, BTS y su sello discográfico iniciaron junto a UNICEF la campaña LOVE MYSELF, vinculada a la prevención de la violencia contra niños y jóvenes y a la promoción de la autoestima y el bienestar. La iniciativa no quedó solamente en un mensaje musical: también recaudó fondos para apoyar el trabajo de UNICEF.

Un año después, el 24 de septiembre de 2018, RM habló ante las Naciones Unidas durante el lanzamiento de Generation Unlimited. Compartió experiencias personales, habló de las dificultades que había atravesado al intentar encajar en las expectativas ajenas y destacó la importancia de encontrar la propia voz.

Su invitación, expresada en la frase Speak Yourself, fue animarse a contar la propia historia.

 

BTS dando discurso en ONU UNICEF Love Yourself

 

En septiembre de 2020, durante la pandemia, BTS volvió a dirigirse a jóvenes de todo el mundo en un mensaje difundido en el marco de la 75.ª Asamblea General de las Naciones Unidas. Los integrantes hablaron de la incertidumbre, la soledad y la necesidad de imaginar un futuro posible en medio de una situación que había alterado sus propias vidas.

Estos discursos no fueron tratamientos clínicos ni prometían resolver los problemas emocionales. Su valor estaba en poner en palabras experiencias humanas que muchas personas podían reconocer.

Podemos analizar críticamente a BTS, como a cualquier artista. Pero, si queremos comprender su influencia, también necesitamos considerar estos hechos documentados y no solamente las interpretaciones más polémicas que circulan sobre ellos.

 

Cuando la música se vincula con una necesidad concreta

 

Hay otro dato que amplía esta reflexión.

En marzo de 2026 se publicó el manual clínico del programa MIND, desarrollado por un equipo del Hospital Severance de Corea del Sur para trabajar habilidades sociales en niños y adolescentes con trastorno del espectro autista mediante actividades musicales. SUGA participó como coautor junto con la especialista en psiquiatría infantil Cheon Keun-ah y otros profesionales.

El programa propone actividades grupales con música para favorecer la interacción, la comunicación y la expresión emocional. SUGA también había participado en actividades musicales con los chicos y donado 5.000 millones de wones para contribuir al centro especializado Min Yoon-gi, inaugurado en 2025.

Es importante precisar de qué estamos hablando: no es una iniciativa que reemplace la atención profesional, sino un programa desarrollado con especialistas que incorpora la música a un trabajo clínico.

SUGA con su donación al Hospital Severance en Corea del Sur programa MIND

¿Por qué me interesa mencionarlo?

Porque nos permite observar otra dimensión de la relación entre la música y las necesidades humanas. No se trata solamente de una canción que alguien escucha para sentirse acompañado, sino también de una iniciativa concreta que busca favorecer la interacción y el desarrollo de habilidades sociales.

Esto no convierte a SUGA en un salvador ni significa que un artista pueda resolver por sí solo una necesidad compleja. Significa que hay acciones documentadas que merecen ser consideradas cuando intentamos comprender el alcance de su influencia.

Y aquí surge una pregunta: si la música puede abrir espacios de expresión y acercar a las personas, ¿estamos prestando atención a las necesidades que esos espacios ayudan a visibilizar?

Hooligan, Pied Piper y el desafío de interpretar

Las dos canciones que aparecen en el video merecen una mirada cuidadosa, porque plantean elementos diferentes.

Hooligan, incluida en ARIRANG, tiene una energía intensa y desafiante. Yonhap la describe como una mirada al recorrido de BTS. Para comprenderla, conviene considerar el contexto del álbum y su propuesta artística, en lugar de aislar una imagen para convertirla en una conclusión definitiva.

Por su parte, Pied Piper, publicada en 2017 dentro del álbum LOVE YOURSELF 承 'Her', juega con la figura del flautista de Hamelín: aquel que atrae a quienes lo siguen. En la canción, BTS reconoce, con un tono provocador y seductor, la fascinación que puede despertar en sus fans.

Pero hay un detalle que me parece importante no pasar por alto.

En el verso de RM, la canción interrumpe ese juego para dirigirse a quienes están pendientes de sus videos y publicaciones. Les recuerda que deben estudiar y que pueden dejar para después el análisis de un videoclip. También alude al tiempo que pasa casi sin que uno lo note cuando se sumerge en ese universo.

La canción juega con la atracción que genera un artista y, al mismo tiempo, pone sobre la mesa la tensión entre disfrutar de esa conexión y no descuidar las propias responsabilidades.

No creo que debamos simplificar su significado ni afirmar que contiene una única enseñanza. Su propuesta admite matices. Precisamente por eso, una lectura completa debería considerar las palabras, el contexto y los distintos sentidos que conviven en una obra.

Es posible que algunas personas interpreten determinadas imágenes o recursos visuales desde sus creencias religiosas. El arte puede despertar preguntas, incomodidad y distintas lecturas. No tenemos por qué estar de acuerdo con todas ellas.

Pero hay una diferencia entre expresar una interpretación y presentarla como una verdad demostrada.

Una imagen puede despertar una sospecha; no constituye, por sí sola, una prueba de un pacto sobrenatural.

Desde mi lugar, prefiero investigar, conocer el contexto y escuchar lo que los propios artistas han compartido sobre su trabajo antes de llegar a una conclusión. Para mí, el discernimiento no está reñido con la honestidad intelectual: también implica distinguir entre lo que sabemos, lo que interpretamos y aquello que no podemos demostrar.

Las personas que encontraron compañía en su música

Hay una parte de esta conversación que me resulta especialmente sensible.

En las comunidades de fans encontramos personas que cuentan cómo una canción, un mensaje o una transmisión en vivo las acompañó durante un período de soledad, tristeza o sufrimiento emocional. Algunas dicen que se sintieron comprendidas; otras, que encontraron motivación para retomar proyectos, conectar con otras personas o volver a ilusionarse.

Cada experiencia es diferente. Estos testimonios no permiten afirmar que la música cure la depresión, un problema de salud que puede requerir atención profesional. Pero tampoco me parece justo ignorar lo que esas personas cuentan sobre sus propias vivencias.

Reconocer que alguien encontró consuelo en una canción no significa afirmar que esa canción lo salvó. Significa reconocer que, en un momento de su vida, algo le ayudó a sentirse menos solo.

Y eso merece ser escuchado.

Desde que llegué a BTS, empecé a comprender mejor la dimensión de una comunidad que trasciende idiomas, edades y fronteras. No puedo hablar por todos los ARMY ni pretender conocer cada historia. Sí puedo prestar atención a lo que muchas personas comparten y preguntarme qué necesidad humana hay detrás de esas experiencias.

Como cristiana, esa pregunta me toca de cerca: si hay personas que sufren, que se sienten solas o que necesitan una palabra de aliento, ¿estamos dispuestos a escucharlas antes de juzgar aquello que las acompaña?

 

¿Dónde estábamos nosotros?

 

Soy cristiana. Amo a Jesús y tengo claro quién es mi Salvador.

Por eso quiero ser muy clara: BTS no me salvó. Mi fe está en Jesús.

Esta experiencia no reemplaza mi fe, pero me da nuevas preguntas, despierta mi curiosidad y me impulsa a seguir aprendiendo. Me recuerda que siempre hay algo nuevo por descubrir y que nunca es tarde para soñar, animarnos a explorar otros caminos y crecer.

Desde ese lugar, me atrevo a mirar hacia mi propia comunidad y hacerme preguntas que no pretenden señalar a otros desde una posición de superioridad.

Mientras discutimos sobre el origen del éxito de BTS, ¿nos detenemos a pensar en las personas que necesitan ser escuchadas? ¿Sabemos acompañar a quien atraviesa un momento difícil sin apresurarnos a corregirlo? ¿Nos acercamos a quienes piensan distinto o esperamos que primero se parezcan a nosotros?

No pretendo responder por toda la Iglesia. Sé que hay cristianos y comunidades que acompañan, sirven, escuchan y trabajan cada día para ayudar a otros. Tampoco creo que toda crítica a un artista sea injusta ni que debamos aceptar cualquier mensaje sin examinarlo.

La pregunta que me hago es otra: ¿qué lugar ocupa la compasión en nuestras respuestas?

En los Evangelios vemos a Jesús acercarse a personas que otros marginaban, escuchar y mirar más allá de las etiquetas que les habían puesto.

Si decimos que queremos imitarlo, quizás también debamos revisar cómo tratamos a quienes no conocen nuestra fe, no la comparten o encuentran inspiración en lugares diferentes de los nuestros.

Seguir a Jesús no consiste solamente en identificar aquello que consideramos equivocado. También implica preguntarnos cómo podemos amar, acompañar y servir.

¿Podemos aprender sin dejar de discernir?

Creo que sí.

Podemos examinar críticamente una canción y reconocer el trabajo artístico que hay detrás. Podemos sostener convicciones religiosas firmes y escuchar con respeto a alguien que piensa diferente. También podemos observar cómo se construye una comunidad sin idealizarla ni asumir que todo lo que sucede en ella es necesariamente positivo.

BTS construyó, junto con sus equipos y su comunidad de fans, una forma de comunicación que conecta música, historias personales, mensajes y participación colectiva. Como comunicadora, me interesa estudiar cómo se construyen esos vínculos y qué podemos aprender de ellos.

Y como cristiana, me hago otra pregunta: ¿cómo podemos utilizar lo que sabemos hacer para acercarnos a quienes necesitan esperanza, compañía y una oportunidad para volver a creer en sí mismos?

No se trata de convertir cada canción en una herramienta religiosa ni de utilizar el sufrimiento de las personas para atraerlas hacia una creencia. Se trata de escuchar primero, acompañar con respeto y compartir nuestra fe con autenticidad, sin manipular ni despreciar a nadie.

No alcanza con identificar lo que otros hacen bien o mal; también tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo nosotros con aquello que hemos recibido.

Antes de emitir un juicio, miremos a las personas

 

BTS concierto en Argentina 2026


No sé qué llevó a cada integrante de BTS a tomar las decisiones creativas que toma, ni puedo afirmar que conozco todas las intenciones detrás de sus canciones. Tampoco necesito resolver cada interpretación que circula sobre ellos para escribir esta reflexión.

Lo que sí puedo reconocer es que su trayectoria incluye años de trabajo, evolución artística y una relación con millones de personas que encuentran significados propios en su música.

Y puedo reconocer, desde mi fe, que cada persona que atraviesa un momento difícil merece algo más que una etiqueta o una discusión sobre aquello que escucha.

Quizás el video que vi me haya llamado la atención por su acusación. Pero lo que me dejó pensando fue una pregunta mucho más cercana a mi propia vida:

¿Estoy dedicando tanta energía a juzgar lo que hacen otros que estoy descuidando aquello que yo misma podría hacer para ayudar?

No quiero dejar de discernir. Quiero aprender a hacerlo mejor.

No quiero renunciar a mis convicciones. Quiero vivirlas de una manera que también refleje el amor de Jesús.

Todavía tengo mucho por descubrir sobre BTS, su música y la comunidad que los acompaña. Pero esta experiencia ya me está enseñando algo valioso: nunca es tarde para aprender, revisar nuestras propias ideas y hacernos preguntas que nos ayuden a crecer.

Quizás, como cristianos, también necesitemos recordar que mientras discutimos sobre dónde encuentran otros su esperanza, hay personas cerca de nosotros que necesitan que alguien las escuche.

No para ganar una discusión. No para demostrar que tenemos razón. Sino para estar presentes.

Porque antes de juzgar una historia que no conocemos por completo, quizás debamos preguntarnos qué podemos hacer para que la historia de alguien más sea un poco menos solitaria.

La pregunta final no es solamente qué vemos cuando miramos a BTS. También es qué revela nuestra mirada sobre nosotros mismos.

 

*Nota: Las opiniones y expresiones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.*

 

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Huerto Huerga Colaboradora en la Revista de Taehyung

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