Por: Linette Fabela
La humanidad ha creado diversos sistemas de escritura a lo largo de la historia. En su mayoría nacidos a partir de la necesidad práctica: registrar bienes, contar mercancías y administrar el comercio. Si bien, muchos de ellos parecieran ser descendientes de un mismo antepasado en común, es innegable lo diferentes que son los sistemas de escritura orientales, en comparación de los occidentales. Pero ¿sabías que incluso en su región el hangul es una rareza?, no sólo por tratarse de un sistema fonético (donde cada letra representa un sonido), si no porque fue creado prácticamente en un laboratorio. El día de hoy te contaré un poco sobre la historia del hangul y porqué lo considero como el sistema de escritura del amor.
Antecedentes
A mediados del siglo XV, durante la dinastía Joseon, la lengua coreana solo existía de manera oral. Para la comunicación escrita se utilizaba el Hanja (한자) o Hanmun, los caracteres del chino clásico. Este sistema presentaba un enorme obstáculo para la población común: dominar miles de logogramas complejos requería años de estudio académico que solo las élites aristocráticas podían costear.
Para el campesinado y las clases populares, esto significaba vivir en el analfabetismo y la imposibilidad de desarrollarse en cualquier ámbito que requiriera el conocimiento de la escritura. Ante la ley o frente al Estado, los ciudadanos comunes no podían plasmar sus pensamientos, exigir justicia, redactar quejas o registrar sus historias.
El amor del Rey Sejong a su pueblo:
Empujado por una profunda compasión y una visión humanista, el Rey Sejong el Grande, junto con los sabios de la academia Jiphyeonjeon (Salón de los Dignos), concibió un proyecto revolucionario a principios de la década de 1440: crear un alfabeto nuevo, simple y adaptado a la fonética común de su gente; un alfabeto tan sencillo y lógico que cualquier persona pudiera aprenderlo.
El Hangul se diseñó imitando la forma en que los órganos articulatorios (la boca, los labios y la lengua) se posicionan al pronunciar cada sonido. Con 24 letras simples el rey Sejong democratizó la lectura y la escritura para su pueblo; incluso en la época se popularizó un proverbio que explicaba y resumía la intencionalidad de su creador: "El sabio puede aprenderlo antes de que termine la mañana; la persona humilde puede aprenderlo en diez días".
La resistencia de las élites y la conservación popular
A pesar de la visión humanitaria del rey Sejong, el Hangul enfrentó siglos de resistencia. La clase aristocrática (los Yangban) despreció el nuevo alfabeto por temor a perder sus privilegios políticos y el monopolio del conocimiento. Llegó incluso a ser prohibido en 1504 bajo el mandato del rey Yeonsangun. A pesar de todo ello, el Hangul se mantuvo vivo gracias al amor con el que la gente común lo adoptó en la literatura popular y las obras escritas por mujeres.
Lo que la élite despectivamente llamó en sus inicios Eonmun ("escritura popular") se convirtió en un tesoro cultural que floreció en las esferas del arte al conectar con la realidad del pueblo y gracias al esfuerzo de mujeres que encontraron en él un medio para preservar y dar a conocer su arte.
El Hangul como símbolo de resistencia
Hacia finales del siglo XIX, mediante las Reformas Gabo promovidas por el rey Gojong (1894), el Hangul fue reconocido por primera vez como el sistema de escritura oficial para los documentos gubernamentales y la educación escolar. A principios del siglo XX, el lingüista Ju Si-gyeong acuñó formalmente el nombre Hangul (que combina Han, de "grande" o "coreano", y Gul, "escritura").
El verdadero hito que consolidó al Hangul como parte de la identidad coreana y un símbolo de patria para el pueblo ocurrió durante la ocupación colonial japonesa (1910–1945). Durante este período, las autoridades del gobierno ocupacionista intentaron borrar la identidad cultural coreana, imponiendo el japonés como lengua oficial y prohibiendo progresivamente la enseñanza y las publicaciones en coreano.
En respuesta, el aprendizaje y preservación del Hangul se convirtieron en un acto heroico de resistencia patriótica. Eruditos y ciudadanos arriesgaron sus vidas y libertad para recopilar en secreto el Malmoi (말모이), el primer diccionario moderno de la lengua coreana, asegurando así que la identidad de la nación no desapareciera por completo. Proteger el Hangul se convirtió en un acto de amor por la patria, donde el principal objetivo era defender la existencia misma de Corea como pueblo, así como su historia nacional.
Un legado vivo de orgullo nacional
Tras la liberación de Corea del Sur en 1945, el Hangul se estableció como la escritura oficial de Corea, llevando al país a alcanzar una de las tasas de alfabetización más altas en el mundo. Cada 9 de octubre, Surcorea celebra el Día del Hangul, una festividad nacional que rinde homenaje tanto al compasivo del rey Sejong como a la valentía de las generaciones que defendieron su idioma y, con él, a su sistema de escritura. Lo que comenzó en el siglo XV como un gesto de amor y humanidad de un rey hacia sus súbditos, se transformó a lo largo de los siglos en el mayor símbolo de soberanía, patriotismo y orgullo del pueblo coreano.
El alfabeto del amor
Ahora te preguntarás, en esta historia llena de conquistas, guerra e intrigas ¿en qué parte entra el amor? Para empezar, en la misma concepción del Hangul, el rey Sejong demostró ser un gobernante a quien verdaderamente le importaba el bienestar de su pueblo, tanto así, que logró crear junto a sus sabios un medio que les permitiera a su acceder a una fuente de poder invaluable: la lectura y escritura. En segundo lugar, el amor de los artista, por su sistema de escritura, para preservarlo —incluso frente a la oposición de los nobles y gobernantes—; por último, en el amor de toda una nación para preservar un elemento conformador de su identidad nacional, incluso cuando sus vidas corrían peligro. Por ello para mi el Hangul es el sistema alfabético del amor, no por dichos y creencias populares referentes a su belleza fonética o a su gran cantidad de palabras referentes a dicho sentimiento; si no porque ha sobrevivido gracias a él.
En vísperas de Chuseok, una festividad en la que la familia se reúne y tiene la oportunidad de presentar respeto a sus antepasados, me parece importante rescatar la historia del Hangul, un elemento discreto pero de gran importancia, sobre el cual se ha construído una parte importante de la identidad cultural de Corea del Sur. Hoy en día, el alfabeto coreano ha trascendido fronteras y llegado a todos los rincones del mundo gracias a la ola Hallyu de manera que, ese sistema que durante años apenas fue capaz de sobrevivir, ahora tiene influencia en lugares que el rey Sejong ni siquiera llegó a conocer.
Y dime, ¿algunas vez habías escuchado la historia del Hangul y el compasivo rey Sejong?, ¿has aprendido a leerlo o te interesaría? cuéntame en los comentarios mas sobre tu experiencia o si has aprendido aquí algo nuevo. ¡Te leo en comentarios!
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